miércoles, 29 de agosto de 2012

CAUSALIDAD


Conseguí un trabajo basura para el ayuntamiento en mantenimiento de cunetas. Solo son seis meses pero te dan un uniforme rojo muy bonito y una azada para que le des a la cuneta y saques las malas hierbas que crecen por ahí. Marisa se puso muy contenta porque es la primera vez que tengo un trabajo asalariado desde que estoy con ella. Me pusieron a trabajar  con una señora que se debía encontrar muy sola porque hablaba como si no hubiese mañana. El primer día me dijo “Hola, me llamo Ángeles” y acto seguido me contó que cualquier día le iba a cortar los huevos a su marido y metérselos por el culo porque le habían ofrecido entrar también a trabajar en las cunetas y había dicho que le daba vergüenza que le vieran los amigotes.
-A él lo que le gusta es que los amigotes le vean borracho tratando a las camareras como putas, como si tuviera algo que hacer con ellas, eso sí que no le da vergüenza. Seguro que están hasta el coño de aguantar a borrachos  babosos como él, que podrían ser sus padres, pero él se piensa que todavía tiene 20 años. Eso sí, nunca me puso la mano encima porque sabe que le doy una patada que le arranco la cabeza. El pequeño (diecinueve años, cumple el mes que viene) también me viene borracho alguna vez pero no es lo mismo porque no le huele el sudor tan asqueroso. Yo le digo siempre que los borrachos siempre acaban como su padre que hace por lo menos 13 años que no me la mete y mi niño me contesta que a lo mejor es porque le da asco y nos doblamos de la risa. Yo le digo, cuando se me pasa la risa floja, que no, que su padre  hace años que no se  ve la polla y que dudo que le sirva pa otra cosa que pa mear. Además, me lo dijo una vecina que se lo había contado una amiga que se lo había llevado a casa y después de hacer buf buf dos veces tuvo que dejarlo porque aquello era como intentar meterse un plátano maduro pelado en el ojete. Pero yo ya ni me preocupo porque a mí él también me daba un poco de asco incluso ya desde antes de casarnos, lo que pasa es que en casa éramos muchos y pillé al primero que tenía piso propio.  Tuvimos una nena   antes que el niño  pero se la veía con poco espíritu y así, muy ruinaca, y se murió de un garrotillo a los 12 años. El niño tenía entonces 6 años y hay que ver cómo lloraba el pobre. El padre le decía que se estuviese tranquilo, que la niña estaba en el cielo con Fofó, el payaso de la tele y con Rodríguez de la Fuente y Nino Bravo y con no sé cuántos futbolistas muertos, pero el pobrecito era muy sensible y no había consuelo para él…
La señora no tenía límites. Hablaba y hablaba sin parar y me dio la impresión de que si hubiera estado sola lo hubiera hecho igual.
-…Y entonces yo le dije al niño que esa novia que se había buscado se la veía un poco marisabidilla y que enseñaba mucho las bragas pero que por lo demás, mientras fuera limpia…
Y yo callaba.
-..Pero vamos a ver, le dije, pedazo de maricón, ¿qué vas a encontrar tú a otra si hace 13 años que no te ves la polla…?
El caso es que a la señora le gustaba ponerse cada poco en medio de la carretera para admirar la limpieza de la cuneta, el trabajo bien hecho. Vi venir el camión pero pensé que no era asunto mío intervenir en la causalidad divina ya que siempre he considerado que mi papel en la película de la vida es el del extra que no interviene ni influye en modo alguno en el argumento. Se dejó la mitad de los sesos en el asfalto y la otra mitad en el frontal del camión. También algo de casquería esparcida por ahí. El camionero se llevaba las manos a la cabeza primero y me miraba, quizás un tanto extrañado de que yo hubiera reanudado mi trabajo en la cuneta y me hubiera puesto los cascos. Me encanta trabajar con alguna voz angelical interpretando a Telemann. Es como estar en el cielo, pero sin Fofó ni Nino Bravo ni de la Fuente ni futbolistas muertos y, por supuesto, sin esta señora que estaba esparcida por la carretera y que ahora hacía cola en la puerta de San Pedro.
El camionero se dirigía a mí. Movía la boca y hacía aspavientos pero yo no oía nada de lo que me decía porque tenía la música a toda hostia y estaba escuchando la voz de un ángel del cielo cantándome a mí y solo a mí.
-Yo a esa señora no la conozco, no está conmigo- dije. Y seguí golpeando la cuneta con la azada.

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